“Es el día del año que más espero. Más que las Fiestas o que mi cumpleaños”. Esa frase, dicha por Daniela, una chica de 21 años, bien podría representar a muchas de las más de 60 mil personas que acudirán este año a Creamfields, un festival que nació en Liverpool en 1998 pero que a partir del 2001 es sensación en Buenos Aires. Es que con sólo siete ediciones en nuestro país el caudal de gente pasó de 18 mil personas en el primer año a 55 mil personas, con un auge de 62 mil en el 2006. ¿Por qué? “Más que nada, la importancia para uno como clubber (NdeR: los q van a clubes a bailar electrónica) radica en que es la fiesta con mayor trascendencia a nivel mundial”, comenta la joven. Y agrega: “Uno no puede terminar de explicar por qué va a los Juegos Olímpicos… es porque son los Juegos, porque están los mejores del mundo reunidos en un mismo lugar. Con la Cream pasa lo mismo”.
Claro, es que este festival reúne a los máximos exponentes de la música electrónica mundial en un solo lugar y durante la misma noche. Por caso, este año se presentarán en el Autódromo de Buenos Aires DJ’s del calibre de Erick Morillo, Deadmau5, Satoshi Tomiie, Steve Lawler, Cristal Castles, Hernán Cattaneo (el mejor argentino del rubro), Radio Slave, Booka Shade, M.A.N.D.Y, Gui Boratto, Carl Craig, Martín García, Carlos Alfonsín, Big Fabio, Carlos Shaw, Oliverio, Simbad y Flavius E, entre otros. “En un día tenés lo mejor de lo mejor junto a lo nuevo. Suelen presentarse muchísimos DJ’s nuevos, que hacen el warm up de los más conocidos y normalmente, después de eso, saltan a la fama”, explica Estefania, otra joven, de 19 años, al mismo tiempo que comenta que “tanto para los DJ’s como para nosotros es una suerte de ritual ir a la Cream”.
Con el correr de los años, Creamfields argentina se fue convirtiendo en un boom mundial. Tanto es así que en el 2006, en la última edición realizada en Costanera Sur (antes se hacía en Puerto Madero y luego pasó al actual Autódromo de la Ciudad), se llegó a un pico máximo de asistencia al concurrir 62 mil personas. La Cream de Buenos Aires está considerada por ello en el libro Guinnes de los Récords como “la ciudad con el Creamfields más masivo del mundo”. Matías, de 21 años, vive en Bariloche pero este año se acercará a la Capital para asistir al evento. El joven intenta explicar los motivos, aunque aclara que “me cuesta porque mis palabras son las palabras obsoletas de una persona maravillada con lo que significa esta fiesta”. De todos modos, deja un poco el fanatismo de lado y, más objetivamente, explica que “en general, la gente de la movida electrónica, siempre y cuando pueda, sigue a la Cream a todos los países que pueda. Es más o menos como seguir a tu equipo de fútbol en los distintos torneos”. Y añade: “Hay muchos fanáticos a lo largo y ancho del planeta. La popularidad y la calidad de los artistas es lo que la hace tan masiva”. Y, si bien la sensación del pibe no deja de ser cierta, hay otro dato que agrega un número muy importante de extranjeros a la Creamfields Buenos Aires y que la hace tan masiva e internacional: lo que cada uno de los europeos paga en cualquier lugar para ver a uno solo de esos monstruos de la música electrónica es lo mismo que paga en Buenos Aires para ver a todos juntos.
Uno de los factores que quizás genera cierto rechazo hacia el festival es la fama que se ha hecho de la gran cantidad de drogas y alucinógenos que circulan durante la noche. Y si bien Estefania aclara que “esas cosas hay, como en todos lados”, también dice que “está en cada uno qué tan responsable es y cómo se cuida”. De todos modos, al instante, explica: “La música electrónica crea comunidad. Todos están bien con todos y se genera un ambiente de muy buena onda”. Además, durante este año, en Buenos Aires creció mucho el fenómeno de las tribus urbanas. Y la Creamfields no queda ajena. Para este año se espera gran concurrencia de chicos y chicas “floggers” como uno de los nuevos factores y “atracciones” de la fiesta. “Hay que ver cómo se desenvuelve todo, jaja”, se lo toman con humor los viejos asistidores al festival.
Lo que es seguro es que este año, el 8 de noviembre, la Creamfields, en su octava edición, volverá a romper con todos los libretos. Y Buenos Aires volverá a dar que hablar al ritmo de la música electrónica… y del fenómeno Creamfields.
Por Maxi Campobassi

