Con motivo de la celebración de los 200 años de la Revolución se están llevando a cabo diferentes eventos que tratan de mostrar a los diferentes actores de la historia de la Argentina. Uno de ellos es Aguas y Saneamientos Argentinos, que se realiza en el Palacio de las Aguas Corrientes, Riobamba 750, cuatro espacios con contenidos diferentes: Historia, Puertas Abiertas, Reflexión y Arte. La muestra se desarrollará a partir del 15 hasta el 28 de mayo.
Agua vieja, agua nueva. En el primer piso del Palacio de la Aguas Corrientes las salas se visten de época colonial. Recreaciones, fotografías, libros se encuentran ordenados en tiempo y espacio para recorrer, de a poco, la historia sanitaria de la Argentina. En la Biblioteca se
pueden consultar diversos libros y revistas que dan cuenta de un valioso testimonio desde el desarrollo de los grandes sistemas sanitarios hasta bibliografía sobre el consumo de agua potable en la actualidad. El lugar también cuenta con un sector para los niños. Allí encontrarán juegos que le permitirán conectarse con el agua y tomar conciencia de su uso.
Canillas, conexiones, grandes estructuras de cemento y hasta inodoros de todo tipo se ubican en el museo del Palacio. Con cuatro aclaraciones en las paredes, el mismo se divide en secciones que corresponde a la arquitectura, la tecnología, artefactos y archivos de planos domiciliarios.
A través de un túnel ubicado en la planta baja se puede tener un recorrido visual de los últimos 100 años de las infraestructuras que se llevaron a cabo en el saneamiento argentino.
Siguiendo una línea roja y blanca se alcanza historia del agua en nuestro país desde 1810 a 1910, desde aquellas actividades de la época colonial como era sacar el agua desde los aljibes hasta la inauguración de la planta de Aguas Argentinas.
Manifestaciones artísticas del agua. En el primer paso que una persona da al llegar a la puerta del Palacio de las Aguas se encuentra con un rincón atiborrado de tablas de planchar de
todas partes del mundo y que, como dato curioso, tienen escritas cada una de ella nombres de mujeres. La obra pertenece a Josefina Ocampo y se llama “Lavandera” en honor a todas aquellas lavanderas de diferentes partes del mundo. Las 183 tablas que conforman la muestra van desde la más básica hasta algunas en forma de tótem u otras en vidrio provenientes de Nueva Zelanda.
“Tender”, la obra del taller de la artista Estela Pereda, es la conjunción de los elementos cotidianos, como es un ténder, y el mar. Un tanto abstractas, las obras muestran olas, peces desdibujados realizados en diferentes técnicas de óleos, grabados y matices. Lo más llamativo
es una de las telas colgadas en la que se desdibujan notas musicales que pretende demostrar la representación que los diferentes artistas tuvieron sobre el sonido del mar.
Como si fuera una imagen borrosa, un televisor es cubierto por diminutas bolsas de agua para mostrar un documental de una comunidad wichi del Chaco salteño. En el se narran las viscisitudes que deben pasar los miembros de la comunidad para ir a buscar agua potable a ciertos pozos que sólo están habilitados nueve meses. El resto del tiempo, los pobladores consumen el agua del río Pilcomayo que se encuentra contaminada. La obra está a cargo de la documentalista Marina Rubino.
Con botellas de agua coloreada, cables y hasta papel metálico reciclado, “Magma” es una obra colectiva realizada por jóvenes de la Escuela de Bellas Artes de la Cárcova que intenta demostrar los diferentes redes de agua que existen en la Capital Federal.
Por otra parte, la Universidad Maimónides tiene su presencia con “La Máquina de la lluvia”, un armazón que indaga acerca de la creación de fenómenos naturales por medio de una máquina, uniendo lo natural con lo artificial.
Tratando de recrear un mundo, el ingeniero industrial Joaquín Fargas sorprende con su
Proyecto Biósfera. Mediante esferas de acrílicos totalmente selladas que contienen agua y plantas, elementos básicos de la vida, se recrea en su interior un complejo ecosistema que precisa de la energía solar para desarrollarse y subsistir. Fargas recorrió todo el país mostrando en las escuelas la importancia del cuidado de los ecosistemas.
“Lo que siempre cambia aunque nunca es distinto”, palabras de Heráclito que fueron tomadas por Paulino Estela y dieron forma a un proyecto audiovisual en donde se puede observar dos televisores, con sus cajas formadas por acrílicos transparentes, en donde se emiten imágenes contrapuestas en el sentido natural-artificial. Mientras en uno de ellos se puede ver un río
revuelto, en el otro se observa agua en movimiento generada por las vibraciones producidas por un parlante.
Cerrando el recorrido de las obras artísticas contemporáneas se encuentra el escultor, plástico, teórico y poeta Gyula Kosice, que presenta una gota de agua móvil conformada por plexiglás y luces Led como parte del arte hídrico-lumínico-cinético que caracteriza a Kosice.
Pozos de aljibe, grandes infraestructuras y sistemas de saneamiento, hasta gotas de plástico, resumen esta muestra que pretende recorrer 200 años de historia del agua en Argentina.
Por Viviana Slaven
CulturAires
